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Maó

Las aguas de su puerto natural, uno de los más extensos del mundo y posiblemente el más grande en belleza, han sido históricamente puerta de entrada de numerosas civilizaciones. Situado estratégicamente en el centro del mediterráneo, esta fortaleza natural abierta al mar ha sido el refugio más deseado del mediterráneo para combatir los vientos de tramontana, la furia del mar y sobretodo las escuadras enemigas.

Los fenicios, hace 3000 años, la denominaron Maghen para definirla como concha; un escudo protector de las adversidades que se encontraron antes de su llegada. También los cartagineses fueron protagonistas de la historia de la ciudad, hasta el punto de que el origen del nombre de la ciudad podría derivar del general Magon, hermano de Aníbal que se instaló en la isla en torno al 205 a.C.

La ciudad creció con el paso de los romanos que la elevaron a municipio y con la presencia musulmana declinó la capital a favor de Ciutadella. Sus episodios de invasiones y dominaciones llegan a su punto más dramático en 1535, un año de desgracia, cuando el temible pirata Barbaroja arrasa la ciudad y captura a cientos de habitantes, los convierte en esclavos y los destierra al norte de África.

A pesar de los vándalos, el hambre y otras lacras, la ciudad empieza a recuperarse económicamente y el desarrollo urbanístico de Maó tiene un crecimiento considerable en los años posteriores, hasta llegar a su máximo esplendor en el siglo XVIII.

Cuando ingleses, franceses y españoles se disputan el control de la ciudad. Tanta insistencia de poder de tan preciado tesoro, provoca que cambie hasta cinco veces de manos. Desde el primer dominio inglés en 1722 la ciudad de Maó pasa a ser la capital administrativa de la isla, la actividad portuaria crece y el tránsito de escuadras de todo el mundo es intenso y florece una importante burguesía mahonesa. En esta época se construyen los edificios más significativos y Maó empieza adquirir una personalidad que todavía hoy perdura en sus calles.

Este constante ir y venir de pueblos, ha transformado Maó en una rica combinación de culturas. En una ciudad abierta y cosmopolita con un marcado carácter hospitalario y un perfecto equilibrio entre tradición y modernidad.

El extenso legado cultural que han dejado las diversas civilizaciones se proyecta en sus calles. Paseando pausadamente por su casco antiguo podemos reconocer, la herencia del estilo colonial del siglo XVIII, en el singular Ayuntamiento de estilo neoclásico con algunos elementos barrocos y en el rojo de la fachada del Principal de Guardia (edificio originariamente destinado al cuerpo de guardia inglesa). Así como en casi todos los edificios religiosos: Sant Francesc, El Carme o Santa Maria; que en su interior se aprecia un órgano monumental de principios del siglo XIX, con el que se celebran inolvidables conciertos de música clásica.

El amor que profesan los mahoneses hacia el arte y la cultura se manifiesta en el Teatro Principal (uno de los teatros de ópera más antiguos de España, por el que han pasado las más importantes figuras internacionales del bel canto) o en el Ateneo Científico y Literario, referencia del espíritu ilustrado del siglo XIX. También es visita obligada el Museo de Menorca, un antiguo convento franciscano de líneas barrocas donde podremos descubrir la realidad cultural de la isla.

Un recorrido por las empinadas calles del centro de Maó, nos da la oportunidad de observar los edificios modernistas (casa Mir), o las espectaculares casas señoriales concentradas en la calle Isabel II. Podemos seguir el paseo con una visita al Mercado del Pescado, construido sobre un antiguo baluarte del siglo XVIII, donde los pescadores se encargan de hacer llegar puntualmente los productos más frescos del mar. Si queremos completar esta encantadora ruta gastronómica podemos adentrarnos en el Claustre del Carme donde encontraremos un mercado de productos típicos artesanales.

Una vez captada toda la magia de la ciudad, merece la pena llegar hasta sus espectaculares miradores, como el de la Plaza Miranda, donde podremos admirar toda la belleza del puerto antes de adentrarnos en él. Para sentir la ciudad desde el mar, es recomendable subir a uno de los barcos que realizan excursiones turísticas. Así podremos descubrir, a lo largo de sus más de tres millas de longitud, un paisaje monumental de fortificaciones del pasado, islotes que albergan mucha historia y majestuosas villas coloniales; como la de Golden Farm que domina la bahía y según cuenta la leyenda fue escenario del romance entre Lord Nelson y Lady Hamilton durante la dominación británica de la isla.

Después de este encuentro con la historia de la ciudad, es un buen momento para visitar las pequeñas tiendas de artesanía del puerto o sentarse en cualquier terraza para saborear la tranquilidad.

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