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Menorca monumental

Menorca conserva intacta toda la magia que hace siglos construyeron sus antepasados. Un misterio que sigue aún vivo en forma de piedra, en sus construcciones megalíticas y en sus fortificaciones del pasado, capaces de cautivar a todo aquel que se acerque a compartir los fascinantes entresijos de una isla que es un auténtico museo al aire libre.

Las piedras que cubren gran parte de la isla han sido testigo del paso de numerosas civilizaciones a lo largo de los siglos. Eternas protagonistas del paisaje, a través de ellas podemos hacer un viaje al pasado y descubrir el embrujo que todavía las envuelve. El patrimonio histórico de Menorca es inagotable, se han contado más de mil monumentos prehistóricos, cuevas artificiales, restos de la época romana y vestigios del periodo islámico, así como estructuras de iglesias paleocristianas.

Los poblados talayóticos de la isla son de los más significativos en Europa. Los creadores de estas misteriosas obras parecen ser gigantes, si se tiene en cuenta el tamaño de las piedras utilizadas en las diferentes edificaciones. En sus misteriosas rutas totalmente integradas en la naturaleza, podemos trasladarnos miles de años atrás contemplando el esplendor y la magnitud de sus "taules". Estos monumentos que hipotéticamente fueron santuarios en su época, están formados por dos grandes bloques de roca dispuestos en forma de T, denominados así por su analogía con una mesa ("taula" en la variante dialéctica de Menorca). La de mayor altura es la de Trepucó con 4,20 m.

Siguiendo con nuestro viaje prehistórico nos encontramos con las navetas, entre las que destaca la Naveta des Tudons; uno de los monumentos más antiguos de Europa, una naveta de enterramiento con forma de nave invertida. Otra construcción que seguro nos cautivará son los "talayots" (talayotes); grandes torres de piedra que emergen de las elevaciones y llanuras.

Los poblados prehistóricos eran auténticas ciudades diseñadas para profesar culto a los difuntos. En su laberíntica estructura, además de "taules", navetas y talayotes, podemos admirar cuevas sepulcrales o pozos de la época.

De un pasado más reciente son las majestuosas fortificaciones que se levantaron para defender la isla de las numerosas invasiones de piratas y de otras civilizaciones, sufridas a lo largo de los tiempos debido a su situación estratégica en el centro del Mediterráneo. Estas fortalezas fueron construidas en su mayoría en el puerto de Maó, principal punto de entrada de escuadras invasoras. En su costa podremos admirar la fortaleza de la Mola (del siglo XIX), el Castillo de Sant Felip; cuyos túneles subterráneos todavía hoy pueden ser transitados y el Fort de Marlborough (construido por los británicos en el siglo XVIII).

Al recorrer toda la isla nos iremos encontrando con las torres de vigilancia o de defensa, que fueron construidas en puntos estratégicos de elevada altura y gran visibilidad, lugares tanto de costa como de interior; con el fin de poderse comunicar mediante señales de alarma para poder así evitar invasiones. Para conocer los usos que tenían las torres y el sistema de defensa de la isla entre los siglos XVI y XIX, podremos visitar la exposición de la Torre de Fornells.

El episcopado ha tenido históricamente una gran influencia en la sociedad de la isla, este poder se proyecta en los numerosos edificios religiosos que podemos apreciar en Menorca. La Catedral de Menorca es el máximo exponente de todo este riquísimo patrimonio y la más importante representación del gótico en la isla. Construida en Ciutadella a finales del siglo XIII sobre una antigua mezquita musulmana, fue coronada en el siglo XVII. Además de la catedral, la gran variedad de estilos arquitectónicos que se pueden encontrar en Menorca no dejará de asombrarnos. Como el neogótico del interior de la iglesia de Santa Maria en Maó, donde podremos dejarnos sorprender por un monumental órgano de principios del siglo XIX cuya musicalidad es excelente. Además podremos reconocer la inspiración neoclásica en la iglesia del Carme y su Claustre adjunto, donde se celebran diferentes actividades culturales.

Para finalizar este recorrido clerical, qué mejor que visitar el Santuario del Toro habitado por una comunidad franciscana, en lo alto de la montaña de El Toro, que es de visita obligada por su singular belleza. Las familias burguesas siguen teniendo, por tradición, un peso específico en la isla. Sus palacios, de varios siglos de antigüedad, nos llamarán poderosamente la atención por la gran expresividad de sus líneas arquitectónicas, que representan perfectamente toda la influencia que desde siempre ha tenido la aristocracia en Menorca.





 Links de interés

  • Red Menorca Monumental -  Arqueología: ver enlace 









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